Club Med, convertido en un producto de lujo, comienza una nueva era

Eran apenas las 22.00 horas cuando una ráfaga de viento irrumpió en los salones del Club Med de Val-d’Isère (Saboya). No cinco, ni diez, sino cuarenta niños brasileños emprenden una persecución en las salas comunes de este hotel club de 216 habitaciones, situado al pie de las pistas de esquí. Allí están, trepando a los sofás, corriendo por los pasillos, galopando escaleras arriba. No hace falta decir que es alucinante. “Es seguro que en otro lugar no funcionaría…”, se desliza, plácido, Philippe Sambe, “GO” (por buen organizador, nombre que se da al personal que está en contacto con los clientes), que trabaja en la recepción. En el Club Med somos así: siempre hay cierto espíritu libertario.

Y, sin embargo, los “Bronzés” han cambiado mucho. Esta semana de enero, el “Club” de Val-d’Isère está lleno y, entre los 500 clientes, la mitad son brasileños. Ana Paola Aragón, que vive en Sao Paulo, vino aquí durante una semana con sus gemelos de 13 años y su marido, propietario de una empresa de fabricación de plásticos. Pagaron 15.000 euros por su semana, sin incluir el transporte. “Lo que nos gusta es que incluye todo. Excepto los tratamientos de spa, a los que voy durante el día porque no esquío”, ella explica.

En los salones también conocemos a Mariana Vieira, una arquitecta brasileña de 43 años, casada con un director financiero. Vinieron con sus tres hijos, después de pasar una semana en Londres. “En una reunión aquí con otros padres de la escuela americana en Río. ¡Somos un grupo de treinta! » Esa semana también había muchos sudafricanos y alrededor de un centenar de turcos, como Irem Yagmurdereli, una jubilada de 54 años que trabajaba en la industria petrolera. Vive en Estambul, Turquía, y pasa una semana en Val-d’Isère con su hija Dila, de 17 años, que comenzará sus estudios en la Universidad de Columbia en Nueva York en septiembre.

Esta élite globalizada e hiper-rica, que viene con sus familias a disfrutar del exotismo de las montañas francesas, se ha convertido en el objetivo principal del Alpine Club Med. Una clientela que encarna la estrategia de crecimiento iniciada en 2004 por la empresa, que ha hecho de la montaña una prioridad estratégica. Hay que decir que es en las cimas donde el Club Med consigue sus mejores resultados. “Aquí es donde nuestro paquete todo incluido de alta gama aporta lo mejor a nuestros clientes, especialmente a las familias”explica Henri Giscard-d’Estaing, de 67 años, director general de esta empresa que pertenece al conglomerado chino Fosun desde 2015.

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